Guitarras limpias y ritmos sucios: el math rock en Japón

En el principio estuvo el ritmo. Hay músicas diabólicas (la clásica es el mejor ejemplo) que no se pueden bailar ni casi disfrutar de pie. Tampoco el jazz es muy bailable: la danza a la que empuja requiere creatividad y, a no ser que uno sepa de qué va el jazz -o a no ser que carezca de inhibiciones-, ni siquiera se puede practicar tamborileando con los dedos en el muslo. El rock matemático, o math rock, es otro de esos productos que se resisten a la tentación de los ritmos pegadizos. Es un diseño imposible. Y en Japón hay una verdadera escuela.

Habrá quien diga que el math rock es una cuestión americana, desde King Crimson a Battles pasando por Tool. Si eso es cierto, también lo es que lo que hace Japón no es un homenaje. Lejos de ser un experto en el tema, tan sólo puedo imaginar que los orígenes son anglosajones (no deja de ser pop-rock) pero que, como estilo musical, el math rock japonés se desarrolla de manera independiente: por el número de grupos que lo practican, y porque tiene consistencia y originalidad. Es decir, no es una versión imperfecta ni es una minúscula aberración, es una escena.

La mayoría de grupos de rock matemático nipón parecen hacer una lectura contemporánea de Zazen Boys, el conjunto de Mukai Shutoku, exvocalista de Number Girl. Entre Number Girl y Zazen Boys hubo un giro, un cambio de rumbo, de Pixies a Radiohead, Kid A en adelante y más allá todavía. El resultado es algo menos agresivo que el post-rock ortodoxo y algo menos triste que esa fina capa de hielo llamada Sigur Rós. Más concretamente, el math rock toma prestadas varias cosas de Zazen Boys: los ritmos abruptos, las guitarras limpias y el sacrificio del espectáculo en beneficio de la técnica.

Hay un aire en la actitud de los músicos de math rock que recuerda a los orígenes de las guitarras eléctricas en Japón, cuando los Ventures causaban furor y los chicos estudiaban ensimismados la ejecución de un riff o el minucioso diseño de las guitarras Mosrite. Es una cualidad muy juvenil y masculina –el frío purismo que ni siente ni padece– que se puede ver en los directos de Toe, por citar un nombre: como si fueran un grupo de amigos ensayando, sin esbozar una sonrisa, concentrados en los instrumentos, mirándose los unos a los otros.

En los últimos diez años, quizás con Toe a la cabeza, ha surgido un pequeño ejército de grupos cuya música suena a escuadra y cartabón, a plantilla Excel y a dibujo de Escher. Entre ellas se encuentran , Lite, Nuito, About Tess, 3ND, REGA… Alguno que otro (Mouse on the Keys) se inspira en el jazz para crear ritmos que de tan difusos casi parecen muros de sonido. Hay solistas (World’s End Girlfriend) cuyo caos personal suena un poco math rock y hay quienes dejan la destreza guitarrística al margen para seguir los pasos de Boredoms y su tribalismo noise, por ejemplo las chicas de Nisennenmondai. Y tratándose de Japón, hay propuestas que reniegan del ritmo y al hacerlo suenan a pop-rock excéntrico (Usotsuki Barbie) más que a math rock, en la línea de los bien conocidos Polysics. Y por fin, algunos sólo se alejan una brizna del canon para hacer anti-ritmos casi comerciales; véase, Owarikara:

Estas últimas son algunas de las muchas excepciones. La regla, que casi todos comparten en uno u otro momento de sus producciones musicales, está en el sonido instrumental y en el uso de guitarras claras y precisas. Esto es lo que distingue el math rock nipón de su equivalente americano, mucho más hardcore o pesado. También lo distingue, por cierto, del océano de grupos indie-pop que anegan el circuito alternativo nipón y que suenan (sin ser obligatoriamente malos) como la banda sonora de algún animé. El rock matemático nipón es impecable y por ello es inconfundible. Al oír esos acordes, no hace falta ver un vídeo ni oír una voz para saber que estamos ante un grupo japonés.

rega: instrumentalismo

El rock japonés no sería lo que es si no fuera por la música instrumental. Por estas partes, los grupos sin voz son pocos y hasta exóticos, aunque los hay y muy buenos -quien me siga en Twitter a lo mejor me ha oído hablar leído escribir de los madrileños Toundra. En Japón hay una larga tradición, que se remonta a la visita de los Ventures, allá por 1963, y a la consiguiente “Venturemanía”.

Mi teoría es que el idioma siempre ha sido crucial, que en Japón el inglés fue durante muchos años la única opción -la lengua del rock-y que no mucha gente lo habla, y mucha menos lo pronuncia.  De ahí que tantos  grupos se limiten a tocar sus instrumentos mientras sus miembros se miran los unos a los otros. La calidad es apabullante, especialmente cuando se presta atención a la cantidad. No hay uno ni dos ni tres grupos buenos, sino veinte o treinta. Además, es un tipo de música que cae muy bien entre el público indie. Gusta mucho en Japón.

De cualquier manera, estos son REGA, una de las sorpresas de 2009 y muy activos durante 2010. Tienen dos álbumes completos en el mercado (Million y Lyrics) y un número importante de trofeos en su currículum: récord de ventas en portales indie, grupo del año para varias tiendas y distribuidores etc. Ahora trabajan para JVC así que no se andan por las ramas. REGA son Ryiji Ide (guitarra), Akinobu Aoki (bajo), Takafumi Miyake (batería) y Akira Yotumoto (guitarra). Vienen de la parte meridional de Japón, aunque viven y tocan principalmente en Tokio. Post-rock, math rock, rock progresivo, jazz rock… y el funky es la marca de estilo. Por último, una para el club de fans de la pandereta: qué bien suena el bombo de esa batería, ¿no?

Visita su Web