Akiko Yano | Iroha ni Konpeitou (1977)

Algunas cubiertas son memorables y otras no. Esta lo es. Akiko Yano se embutió en un mono de color naranja y levantó un delfín por detrás de la cabeza para la portada de su tercer disco, Iroha ni Konpeitou, publicado en 1977. Nació en 1953, y muy pronto demostró su talento como pianista… Pero dejemos esto para luego, está explicado en Wikipedia y por ahí, en los blogs. Su primer disco, Japanese Girl (1976), sorprendió a todos por su inédita frescura. De hecho, es una de las pocas producciones japonesas que llegaron a oídos internacionales (fue grabado en Los Ángeles) y que movieron a los críticos a decir, entre líneas, que Japón era algo más que un país de imitadores.

Los críticos a menudo son culpables de opiniones paternalistas: el pop japonés siempre ha sido claramente japonés, lo cual no quiere decir que siempre haya sido bueno. Pero hay algo de verdad en la valoración de Japanese Girl, ya que pertence a la familia de discos nipones que parecen haber sido grabados por gente que no escuchó más música que la propia durante muchos meses. De ahí su tremenda originalidad. En esta geneaología ilustre encajan, por ejemplo, el primer álbum de Happy End (el homónimo Happy End, 1970) y la presentación en solitario de Jun Togawa, Tamahime-sama, en 1984. Son los cimientos de pop alternativo japonés. Iroha ni Konpeitou es más de lo mismo, en el buen sentido de la expresión.

Y esto es lo que dice Wikipedia: Akiko Yano estuvo casada con el celebérrimo Ryuichi Sakamoto, y fue colaboradora de Yellow Magic Orchestra. Recientemente, formó parte de un dúo de ensueño con el productor electrónico Rei Harakami, que por desgracia falleció en 2011. Y la hemos visto en directo, tocando el piano junto a la explosiva Hiromi Uehara. Las comparaciones son odiosas, sobre todo entre culturas, pero también son inevitables: Akiko Yano tiene un aire a Kate Bush. Es decir -esto lo digo yo, no Wikipedia-, Kate Bush tiene un aire a Akiko Yano, porque el primer álbum de la vocalista inglesa no apareció hasta 1978. Aunque lo que me apetecía mostrar hoy era, más que nada, esa portada.

Rokku: una historia del rock japonés

Algunos de vosotros recordaréis que el año pasado, mientras jugábamos el Mundial, os aburrí con algunas entradas sobre la historia del rock japonés. El resultado de ese trabajo es el libro Rokku: una historia del rock japonés (1945-2010), que acaba de publicar la editorial Quarentena. Rokku ofrece una perspectiva general del pop-rock nipón, y abarca desde el rockabilly de 1955 hasta el indie y el revival de los últimos veinte años. La historia se divide en varios capítulos que siguen, más o menos, un orden cronológico:

1. Rock ‘n’ roll: una introducción al Japón de la postguerra, a la ocupación yanqui, a la penetración del American Way of Life, al cine y la televisión, a los primeros idoru o ídolos juveniles, a Elvis y el surf-rock.

2. Pop: la beatlemanía según Japón, los grupos más cursis y los más interesantes, el huracán mod, las dulces voces femeninas, el origen del kawaii y la vaporosa transición a la psicodelia.

3. New Rock: el hard rock, Hendrix y Cream y Joplin y Black Sabbath, Pink Floyd y Hair aterrizando en Tokyo desde Marte, las revueltas universitarias, los riffs, el terrorismo.

4. Punk:  los pioneros y la escuela de Sex Pistols, el Art Punk y la pose intelectual, los comienzos de la electrónica y el espectro del hardcore, los primeros clubes, el cine basura, el principio del mosh pit, los sellos independientes.

5. Noise: el extremo último, lo más original, salvaje e incoherente, la destrucción del escenario, la pornografía, el bondage, lo cutre elevado al cubo, el misterio, la esencia misma del rock ‘n’ roll, o puede que no.

6. Indie: una reflexión acerca del presente de la cultura popular japonesa, mujeres y hombres, Lolitas etcétera, el auge de lo “retro”, el influjo de Nirvana, el cool Japan y el sambenito de la “falta de originalidad”.

Rokku viene con bastantes fotos. Los créditos son muchos y están incluidos en el libro. Aquí baste decir que la estupenda imagen de la portada (Oni de Afrirampo) es de Nathan Wind. Su Flickr no tiene desperdicio. Gracias, por cierto, a todos los que me habéis echado un cable, directa o indirectamente. También os he mencionado, salvo accidentes de la memoria, directa o indirectamente.

Podéis encontrar Rokku en tiendas otaku, en antros especializados y en cuchitriles generalistas. Y en Amazon.es y también en fnac.

Jun Togawa: la mosca en la sopa del pop nipón

En una entrevista reciente, Jun Togawa, la reina del pop bizarro japonés, admitía su fascinación por los gusanos. Para satisfacer esta sed, dice la cantante, desde niña visita con cierta frecuencia el Museo del Parásito de Meguro, Tokyo. No es un museo cualquiera, como el lector adivinará, es un lugar en movimiento en el que las vitrinas son también terrarios. Bajo el microscopio, las piezas expuestas son turbadoras y viscosas. Para Jun Togawa, el sitio es un cajón de sastre, algo en lo que hurgar.

Los discos de Togawa están llenos de fantasías viscerales o escatológicas: brazos amputados, sangre, lombrices y crisálidas. Esta sería la línea argumental, la nube de tags de sus treinta años de carrera. Pero hay algo más, algo que le impide perderse en el espacio de los culturalmente leprosos, algo que la mantiene en la órbita del planeta pop. Jun Togawa, en efecto, ha vivido siempre en el umbral. Es como si jugara a la fealdad, a sabiendas de que todo el mundo quiere ver en ella a una sex symbol.  Trae a la mente a Lady Gaga. Togawa, sin embargo, no es un timo corporativo y siempre ha sido verdaderamente única.

Comenzó en 1979, durante la marea punk. Entonces cantaba en el grupo Halmens, al que también perteneció Maki Nomiya, futura líder de Pizzicato Five. Del art-punk, hacia 1981, surgió Guernica, un trío que evocaba el colonialismo cool de los años treinta: Shanghái y Hong Kong y otros lugares de elegancia subtropical donde, a treinta y cinco grados de temperatura, se bebía el té como si nada bajo la hélice febril de los ventiladores. Guernica eran teatro y sintetizadores, a veces violines. Eso es Jun Togawa.

Durante los años 80, se convirtió en una pequeña referencia de la cultura popular japonesa. La invitaron a programas de televisión, la contrataron para rodar “modernos” anuncios de retretes y la entrevistaron a menudo. Ella se mantuvo siempre con un pie en el limbo: rompía a llorar delante de las cámaras, improvisaba rutinas que dejaban al público atónito y respondía a felices preguntas pop hablando de cuándo le venía la regla. A los periodistas, hasta que podían dar paso a la publicidad, les caía una lenta lágrima de sudor por la frente.

Este vídeo, una especie de actuación en un show de variedades nipón, también lleva la marca extraterrestre de Jun Togawa; te darás cuenta, sobre todo, si lo ves hasta el final.

Desde un punto de vista musical, lo más interesante es su voz. A veces, uno tiene la impresión de que su forma de cantar (discordante a propósito) oculta melodías potencialmente comerciales. Y esto también es Jun Togawa: una metamorfosis perpetua. Su disco más conocido es Suki Suki Daisuki (1985), aunque su pertenencia a Yapoos (ヤプーズ), más o menos en activo entre 1985 y 1995, le ha traído bastante éxito. Ha tenido momentos cinematográficos y ha vivido entre bambalinas, interpretando a Chejov entre otros. Y las colaboraciones han sido muchas y muy interesantes. 20th Jun Togawa, un espléndido álbum de versiones, permite comprobar hasta qué punto se desvía del canon.

Ella misma se explica así:

Mis canciones han sido siempre recibidas con críticas buenas y horribles por igual. A quienes no les gusta mi música dicen que hace a la gente sentirse incómoda, ya que escribo sobre cosas como humanos que se vuelven insectos. Hay quien encuentra mis discos desagradables, físicamente desagradables, y hay quien se niega a aceptarlos como música. Dicen que la música debe entretener y divertir a la gente, emanar felicidad… Me inquieta tanto esa idea…

Supongo que estamos hablando de pop, un estilo limpio e inocente. Quienes aceptan a Jun Togawa, aceptan también las transgresiones de su propuesta. Que el pop sea equiparado a un trozo de carne que se descompone, por ejemplo, es una blasfemia. Pero ella no quiere quemar los puentes, no quiere dejar de ser mediática. Es su condición de intrusa en este mundo de música previsible y celebrities insulsas lo que la hace tan atractiva.


Gellers | Guatemala

Nada como un vídeo de pop pegadizo con tintes sádico-melancólico-bizarros. Marionetas gigantes, bengalas, un tipo en pañales, vino, fotografías de rubias, raquetas de badminton, comestibles freudianos y un jacuzzi en una cabaña en mitad del bosque. Nada como eso. Gellers cuenta, además, con el talento inagotable de Shugo Tokumaru a la voz.  Es un grupo de amigos de la infancia, incluyendo a Shugo, y se reúnen cuando pueden. Su primer disco apareció en 2007. El nuevo, ガテマラ (Guatemala), sale a la venta el 15 de abril. Visita su MySpace.

Esta semana puedes ayudar a Japón comprando un poco de arte

Lullatone | Elevator Music

De lullaby (canción de cuna) y Casiotone (el piano de las infancias, ese PT82) proviene el nombre Lullatone. Y esto es todo lo que necesitas saber sobre el dúo que componen Shawn y Yoshimi, él americano y ella japonesa. Shawn comenzó a componer sus melodías por la noche, mientras Yoshimi dormía, en un pequeño apartamento nipón. Por eso suenan a  bedroom pop. Hay, verdaderamente, pocos grupos que se ajusten tan bien a una etiqueta como Lullatone. Tienen muy buena reputación -son pioneros en la última ola de minimalismo- y un puñado discos. Era solo una cuestión de tiempo que le dedicaran un álbum a las melodías de ascensor. Gracias a Shawn por el e-mail con la noticia de Elevator Music, que puedes escuchar en esta página y descargar siguiendo el enlace.

http://www.lullatone.com/