Más bien parece una recreación de Gremlins (o de la indigestión que sigue a su tentempié nocturno) pero son Pikachus conectados a amplificadores. El propósito es crear feedback y una especie de performance lúdica e inquietante, a la manera tradicional del japanoise. La onda sonora varía según se mueven o agitan o maltratan controles y muñecos. Kaseo parodia de esta manera el lado más infantil (y universalmente reconocible) de la cultura popular nipona. Ya vimos algo parecido con el tema de Lolita. Los cables que entran y salen de ojos y ombligos, junto con el ruido insoportable de las criaturas, producen una desazón similar a ver Gremlins cada año por Navidad.