En estas fechas… popurrí reggae

Detengámonos un instante. Devolvamos la Visa al bolsillo, salgamos de El Corte Inglés, elevemos la vista por encima del churrigueresco de neón y nieve artificial de la fachada y meditemos: ¿qué es lo que verdaderamente importa en estas fechas? La respuesta es obvia: el reggae y el ska, motivos tan navideños como la sidra, el turrón y el Scalextric. Una rápida visita a YouTube basta para atestiguar la enorme cantidad de villancicos que han pasado por el filtro jamaicano. Si a esto le añadimos Japón, el resultado es un mejunje cultural y/o sónico que pone los pelos de punta. Lo más interesante, claro, es que en el país del sol naciente no hay tradición cristiana, pero se celebra la Navidad como si no hubiera mañana.

Skayaway, grupo joven con infusiones filipinas, publica estos días su álbum Ska Santa.

“Christmas Ska”, de Tokyo Ska Paradise Orchestra, se remonta a los mismísimos orígenes de la banda, hace más de veinte años.

Y qué decir del disco Reggae with Xmas Lovers, por entero dedicado al asunto Japón-regala-reggae-por-Navidad. Incluye temas de Skapara, Risingtones y Reggae Disco Rockers entre otros.

¿Y del espíritu festivo de *** Resonation…I ***, proyecto a caballo entre Kyoto y NuevaYork?

Finalmente, hace uno o dos años se intentó fundir el reggae con el enka. La gente piensa que el enka es la música tradicional nipona, y en cierta medida lo es, si por “tradicional” entendemos un estilo híbrido, nacido del encuentro de Japón con Occidente a finales del siglo XIX. En fin, el resultado se llamó reggaenka, fue una especie de reggaetón, y se lanzó por Navidad, por si colaba. Pudo haber sido peor y también mejor (lo ha demostrado Omodaka al fundir magistralmente el enka y la electrónica) pero qué sería de la Navidad sin las horteradas.

En el principio Eri Chiemi

Eri Chiemi tenía dieciocho años cuando grabó esta versión del “Rock Around the Clock“, en el verano de 1955. La original, interpretada por Bill Haley & His Comets, había arrasado en las listas de ventas de los Estados Unidos tan solo seis meses antes, erigiéndose como el primer éxito oficial de la historia del rock ‘n’ roll. El germen de la fiebre no fue la radio -era una cara B- sino la gran pantalla: la canción apareció en los títulos de crédito de la película Semilla de maldad (Blackboard Jungle), con Sidney Poitier en el papel de estudiante problemático. En las ocho semanas que siguieron al estreno, entre enero y febrero de 1955, “Rock Around the Clock” vendió un millón de copias en los Estados Unidos. Y ya ese verano Eri había hecho su versión bilingüe en Tokio. No solo es precoz, también es de las buenas. Quiero decir que no fue una lectura inocente. No es una canción ñoña, ni tampoco es cute. Es rock ‘n’ roll, cantado con seguridad y aplomo.

El motivo por el que no escuchas guitarras es porque aún no había guitarras eléctricas en Japón. Tan temprana es. Y el motivo por el que suena jazzy es porque Eri Chiemi llevaba desde los catorce años haciendo las delicias del público con sus aproximaciones a Louis Armstrong y compañía. Como, por otro lado, no había nada con lo que compararla, “Rock Around the Clock” iba a ser tocada en clave de jazz, la forma original de rebeldía juvenil.

Antes del nacionalismo desquiciado, de la expansión imperialista y de la guerra perdida de antemano (una larga alucinación que duró entre 1931 y 1945) Japón escuchaba mucho jazz. Y antes de Hiroshima y Nagasaki, el país ya era un montón de escombros y un escaparate de penurias; además, solo un puñado de gente creía que el emperador fuera un semidios o que estrellarse con un avión en un portaviones por el bien de la patria tuviera mucho sentido práctico. Así que los americanos -que desembarcaron en Tokio en septiembre de 1945 y gobernaron Japón de facto durante más de una década- fueron recibidos con alegría. Con ellos regresó el jazz, promovido en la radio como complemento ideal a los valores democráticos. Y aunque fuera sinónimo de contracultura, el rock sirvió el mismo proposito. Había defensores de la tradición, sí, pero en general la atmósfera era futurista.

En el Japón de postguerra, tener un don para el espectáculo podía ser una bendición: mientras que el salario medio de un oficinista en 1950 era de tres mil yenes, un músico de orquesta ganaba 20000, y algunos hasta 50000.  Así pues, la familia de Eri Chiemi no tuvo inconveniente en que la niña frecuentara los clubes nocturnos que rodeaban las bases militares. Su educación fue el jazz y el jazz fue su vida, a pesar de los devaneos con el rock y otras formas musicales más conservadoras, como el enka. Siguiendo la costumbre de la época, fue invitada habitual en los programas de variedades de la televisión nacional, e hizo también muchas películas, una de ellas junto a sus dos grandes competidoras, Misora Hibari e Izumi Yukimura.

Izumi, Misora y Eri en Janken Musume, también de 1955

Su primera canción de estudio (“Tennessee Waltz“, 1951) sería también su primer éxito, y el mayor. De hecho, en una u otra versión, ya fuera yanqui o nipona, “Tennessee Waltz” fue el tema más vendido de la historia en Japón hasta 1974.  Ese año precisamente Eri grabó su último sencillo. A partir de ahí comenzó su decadencia. Como haciendo una ofrenda macabra al espíritu de “Rock Around the Clock”, su muerte fue muy rock ‘n’ roll. Todo el mundo sabe cómo terminó John Bonham en 1980. Eri Chiemi murió de la misma forma, en 1982, a la edad de cuarenta y cinco años.

.

Entre el enka y el death metal: las 16 mejores canciones, según Metropolis

Metropolis se ocupa de la cultura popular más urgente de Japón: cine, música, teatro, exposiciones etc. La urgencia no es lo que se estila en Akane Indie, o no lo es para su parte escritora, que habla de la historia antigua como si fueran últimas noticias. Hace poco descubrimos este artículo, como siempre con varios meses de retraso, pero no por ello menos relevante.  Me gusta incluir recortes de prensa, de un lado y otro del mundo, ya que nos dan una buena idea de la opinión de los mass media. Qué se escucha y qué no, qué se considera un clásico y qué no. En esta lista de los 16 mejores temas de la música popular japonesa, publicada en noviembre de 2009, otros tantos periodistas y músicos opinan sobre sus temas favoritos. Hay canciones de grupos que ya hemos incluido en el blog (Electric Eel Shock, Jacks, Go!Go!7188), alguna que tenemos pensado incluir y alguna otra que no, porque se salen de nuestra línea editorial -si es que tenemos una línea editorial, que lo dudo. Lo más interestante, como recalca el artículo, es la mezcla de estilos, entre el enka y el death metal.

La lista es ésta:

1. Sayuri Ishikawa, “Tsugaru Kaikyo Fuyugeshiki” (1977)

2. Kan Mikami, “Pistol Ma No Shonen” (1971)

3. Chiemi Eri, “Come On-A My House” (1952)

4. Jacks, “Marianne” (1968)

5. Momoe Yamaguchi, “Yokosuka Sunset-Sunrise” (1978)

6. Judy and Mary, “Music Fighter” (1998)

7. Sigh, “Hail Horror Hail” (1997)

8. Hanatarash, “How To Use My Hole” (1996)

9. Frank Chickens, “We Are Ninja (Not Geisha)” (1984)

10. Soul Flower Union, “Mangetsu No Yube” (1995)

11. Go!Go!7188, “Ukifune” (2003)

12. Typhoon Natali, “Buriki No Yume” (1990)

13. Pizzicato Five, “Tokyo Wa Yoru No Shichi-Ji” (1993)

14. Electric Eel Shock, “Rock ‘n’ Roll Can Rescue The World” (1999)

15. P-Model, “Bijutsukan de Atta Hito Daro” (1979)

16. Hibari Misora, “Kawa No Nagare No Noni” (1988)