Abraxas: budismo y punk

Jonen es un monje budista a punto de perder la fe. La culpa la tiene la memoria. Sucede que antes de ser monje, Jonen había sido el líder de un salvaje grupo punk. Sucede también que fueron los excesos -las drogas y un intento de suicidio- los que le llevaron a dedicarse por completo a la religión. Ahora, en contra de la opinión de quienes le conocen, quiere volver a sus raíces. Pero se propone hacerlo sin colgar los hábitos. El misterio de película, pues, reside en esta aparente contradicción: una busca de identidad entre el lado más bestia de la música popular y la calma trascendental de la religión budista.

El músico Suneohair (Kenji Watanabe) interpreta el papel de Jonen. La banda sonora lleva la firma del gran noisician Otomo Yoshihide. El director es Naoki Kato, nacido en 1980 y licenciado en filología francesa. Más sobre Abraxas (アブラクサスの祭, Aburakusasu no matsuri) en su página web oficial.

Esta no es la primera vez que el cine japonés trata de comulgar música moderna y budismo. El año pasado, hablé varias veces del documental KanZeOn, en el que participa el monje y DJ Tatsumi Akinobu.

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Guitarras limpias y ritmos sucios: el math rock en Japón

En el principio estuvo el ritmo. Hay músicas diabólicas (la clásica es el mejor ejemplo) que no se pueden bailar ni casi disfrutar de pie. Tampoco el jazz es muy bailable: la danza a la que empuja requiere creatividad y, a no ser que uno sepa de qué va el jazz -o a no ser que carezca de inhibiciones-, ni siquiera se puede practicar tamborileando con los dedos en el muslo. El rock matemático, o math rock, es otro de esos productos que se resisten a la tentación de los ritmos pegadizos. Es un diseño imposible. Y en Japón hay una verdadera escuela.

Habrá quien diga que el math rock es una cuestión americana, desde King Crimson a Battles pasando por Tool. Si eso es cierto, también lo es que lo que hace Japón no es un homenaje. Lejos de ser un experto en el tema, tan sólo puedo imaginar que los orígenes son anglosajones (no deja de ser pop-rock) pero que, como estilo musical, el math rock japonés se desarrolla de manera independiente: por el número de grupos que lo practican, y porque tiene consistencia y originalidad. Es decir, no es una versión imperfecta ni es una minúscula aberración, es una escena.

La mayoría de grupos de rock matemático nipón parecen hacer una lectura contemporánea de Zazen Boys, el conjunto de Mukai Shutoku, exvocalista de Number Girl. Entre Number Girl y Zazen Boys hubo un giro, un cambio de rumbo, de Pixies a Radiohead, Kid A en adelante y más allá todavía. El resultado es algo menos agresivo que el post-rock ortodoxo y algo menos triste que esa fina capa de hielo llamada Sigur Rós. Más concretamente, el math rock toma prestadas varias cosas de Zazen Boys: los ritmos abruptos, las guitarras limpias y el sacrificio del espectáculo en beneficio de la técnica.

Hay un aire en la actitud de los músicos de math rock que recuerda a los orígenes de las guitarras eléctricas en Japón, cuando los Ventures causaban furor y los chicos estudiaban ensimismados la ejecución de un riff o el minucioso diseño de las guitarras Mosrite. Es una cualidad muy juvenil y masculina –el frío purismo que ni siente ni padece– que se puede ver en los directos de Toe, por citar un nombre: como si fueran un grupo de amigos ensayando, sin esbozar una sonrisa, concentrados en los instrumentos, mirándose los unos a los otros.

En los últimos diez años, quizás con Toe a la cabeza, ha surgido un pequeño ejército de grupos cuya música suena a escuadra y cartabón, a plantilla Excel y a dibujo de Escher. Entre ellas se encuentran , Lite, Nuito, About Tess, 3ND, REGA… Alguno que otro (Mouse on the Keys) se inspira en el jazz para crear ritmos que de tan difusos casi parecen muros de sonido. Hay solistas (World’s End Girlfriend) cuyo caos personal suena un poco math rock y hay quienes dejan la destreza guitarrística al margen para seguir los pasos de Boredoms y su tribalismo noise, por ejemplo las chicas de Nisennenmondai. Y tratándose de Japón, hay propuestas que reniegan del ritmo y al hacerlo suenan a pop-rock excéntrico (Usotsuki Barbie) más que a math rock, en la línea de los bien conocidos Polysics. Y por fin, algunos sólo se alejan una brizna del canon para hacer anti-ritmos casi comerciales; véase, Owarikara:

Estas últimas son algunas de las muchas excepciones. La regla, que casi todos comparten en uno u otro momento de sus producciones musicales, está en el sonido instrumental y en el uso de guitarras claras y precisas. Esto es lo que distingue el math rock nipón de su equivalente americano, mucho más hardcore o pesado. También lo distingue, por cierto, del océano de grupos indie-pop que anegan el circuito alternativo nipón y que suenan (sin ser obligatoriamente malos) como la banda sonora de algún animé. El rock matemático nipón es impecable y por ello es inconfundible. Al oír esos acordes, no hace falta ver un vídeo ni oír una voz para saber que estamos ante un grupo japonés.

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Entrevista en Radio 3 sobre “Rokku”

El pasado 11 de enero hablé con Ángel Carmona sobre rock japonés en “Hoy empieza todo” de Radio 3. Un placer. Aquí puedes escuchar la entrevista.

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Eikyô: influencias japonesas #4

Ya está aquí el nuevo ejemplar de la revista Eikyô. Son ya cuatro los números publicados y cuatro las estaciones. Eikyô se aproxima a Japón desde una perspectiva fresca y necesaria, distinta de la que ofrecen los productos otaku habituales: un país que no tiene por qué ser para fans solamente, sino que también puede ser para fanáticos y para meros aficionados. Arquitectura, artes marciales, fotografía, cocina y toda mezcolanza imaginable en el lugar donde se aprietan lo antiguo y lo moderno. En esta ocasión escribo de, sí, rock japonés. La portada es de lujo, para no desentonar con el resto.

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Skillkills: pura arritmia

Skillkills se tiran de cabeza a las simas del post-rock. Y no buscan a Radiohead ni a Animal Collective sino a Number Girl, padrinos a su vez de ese engendro fundamentalmente nipón llamado math rock. Así que Skillkills pertenecen a la noble familia de Mouse on the Keys, Té, Toe y un larguísimo etcétera de grupos que huyen del ritmo como si mordiera. (Y hay un poco de Keiji Haino por ahí.) Presentan estos días su primer LP, Skillkills.

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