Entrevista en Radio 3: “Especial Japón”

El otro día hablé con Ángel Carmona en “Hoy empieza todo”, de Radio 3, sobre música japonesa. Ya había tenido la oportunidad de hacerlo cuando apareció Rokku, allá por enero de 2012. Esta vez me pidieron que recomendara tres grupos actuales y eso hice. Este tema de Etsuko Yakushimaru (en la foto) deleitó al personal. El programa al completo merece la pena, no solo por el indie de última generación, sino sobre todo por la elegancia retro del pop sesentero.

Hoy empieza todo con Ángel Carmona – Especial Japón – 31/10/12

Noodles | Funtime

La nostalgia me consume. Noodles. Parecen veinteañeras, pero, ahí donde las véis, llevan más de veinte años en la carretera.  Son de lo mejor del grunge romántico japonés, desde que en 1995 el sello BENTEN les echara un cable discográfico. BENTEN se creó al calor de Nevermind, y dio salida a un puñado de grupos femeninos que cambiaron la escena indie nipona para siempre. Tsu-Shi-Ma-Mi-Re es un ejemplo de lo que digo. Lo que en Europa y EE.UU. se llamó Riot grrl (Pussy Riot hicieron la Primera Comunión en 1992, el mismo día en que L7 lanzaron un tampón usado al público de Reading) en Japón carecía de nombre porque era la norma: chicas tocando la guitarra. Eso sí, no esperéis ideología ni escatología en BENTEN. No las hay.

Noodles se dieron a conocer entre el respetado público al sonar en un anuncio de Coca-Cola en 1996. Por esa época fueron teloneras de The Breeders. En 2001 dejaron Benten y las fichó Delicious, que aún edita sus discos. Se han mantenido a flote todos estos años. Hoy mismo sale a la venta Funtime, un nuevo ejemplo de guitarras saturadas y lirismo adolescente, al más puro estilo Weezer.

El caso de Sogo Ishii y el tema fantasma

Durante mucho tiempo creí a Sogo Ishii cuando decía que, antes de convertirse en el mejor cronista cinematográfico del punk nipón, había sido un músico terrible. Luego me di de bruces con esta línea de bajo. Navegando en el barco ebrio de las quimeras musicales, inconscientemente, la subí a mi cuenta de Soundcloud. Pero, alas, como dicen los ingleses, todo esto fue hace más de un año. Y cuánta desventura: al archivo únicamente le di el título de “Ishii”, como para que futuros arqueólogos la hallaran envuelta en un halo de fabulosa intriga. Sí, ha pasado el tiempo, que todo lo consume, y no recuerdo los detalles de la operación. ¿De dónde proviene? No me alcanza la memoria. ¿Quién toca o canta con Ishii? Cómo saberlo. Y, oh, ¿quién es el hermoso diablo que recorre, de norte a sur, lo mismo que un cuchillo acariciando la piel, el largo mástil de ese bajo eléctrico distorsionado? Ni zorra idea. ¿Alguien lo sabe? De hecho, no podría asegurar al cien por ciento que Sogo Ishii forme parte del conjunto. En las labores deductivas, no ayuda que la canción empiece y termine de súbito, y que venga seguida de otra que tampoco sé identificar. He aquí un ejemplo más de mi talento como sabueso y de mi rigor periodístico, cogido por los finos hilos de Google, y movido por las musas de la Pereza y la Falta de Concentración.

Ishii

Una sugerencia: se trata de Shogo Ishii & the Bacillus Army Project, el grupo que Ishii montó con miembros de The Roosterz y Son House a principios del los años 80. No es su único proyecto musical, pero sí el único elegido por alguien, en cuyo criterio todos estamos obligados a confiar, para perdurar en el ciberespacio hasta que la Nube se licue o se desvanezca. Y perdura sólo como referencia, ajena al ruido al que se refiere. Nos encontraríamos, pues, ante un tema perteneciente al único álbum que Ishii y los Bacilos grabaron: “アジアの逆襲/The Strike Back of Asia”, publicado por Nippon Columbia en 1983. Pero también es posible que se trate de una Cara B solitaria o de una cosa informe grabada por estos músicos, o por ninguno de ellos, en otro contexto diferente. A lo mejor un coleccionista encontró La Cosa enterrada bajo estratos de vinilo en una tienda de Shinjuku, y la subió a su blog anti-sistema. Y quizás fui yo quien la descubrió en segundo lugar, en ese blog rebelde que recibe siete u ocho visitas únicas al día, fui yo quien la privó de identidad y la hizo suya, muerto de aburrimiento como el resto de mis coetáneos.  Es probable, asimismo, que la canción existiera más cerca de la Tierra que del Limbo, y que sonara en la banda sonora de alguna película de Ishii, y que se me haya escapado al verlas. Si mantenemos la primera y única hipótesis digna de ser mantenida, el culpable de ese enorme bassline sería Inoue Tomio, bajista de The Roosterz y aún en buena forma. El guitarrista sería Jun Shimoyama (alias Junnosuke Shimoshimo) y la voz tendría que ser la de nuestro principal sospechoso. No mentía, es terrible.

Tadanobu Asano

Pero todo depende, claro, de que aparezcan más pistas. O de que las busque yo por estas selvas. Lo más fácil sería que alguno de mis lectores supiera de lo que hablo, o que conociera personalmente a Sogo Ishii y le mandara un email para preguntarle. Ahora, en este momento fugaz e irrepetible, creo que podríamos estar ante una colaboración más o menos reciente, porque La Cosa suena demasiado bien, demasiado hard rock, como para haber sido grabada en clave de punk en 1983. En aquellas fechas Ishii se las apañó para grabar un disco, pero estaba metido de lleno en el cine. Su obra cumbre, Burst City (爆裂都市, 1982) aún daba coletazos mediáticos. Ishii colaboró entonces con un puñado de grupos punk, que también aparecían en sus películas, y realizó varios documentales y vídeo-clips. Su proyecto más destacable es el filme que captura el último concierto de The Stalin, “los Sex Pistols nipones”, en 1984. Eso, que me inclino a pensar que a lo mejor La Cosa no tiene nada que ver con este periodo. En 2001 Ishii regresó a la estética “cyberpunk”, con Electric Dragon 80.000 V., una película muy musical, en la que incluso el feedback es instrumento de tortura. ¿Reconocéis a La Cosa como parte de la BSO de Electric Dragon? Tendré que volver a verla. El personaje principal de esta cinta es Tadanobu Asano, “el Johnny Depp nipón”: guaperas además de excelente actor y músico alternativo. Ah, la pista definitiva podría ser que Asano e Ishii han hecho cocinitas juntos en el estudio. Quién sabe. Todo por no haber sido más meticuloso ni tener ahora mismo a mi lado a la Diosa de la Curiosidad. Qué desmayo.

yEAN | 11010

Japón sigue produciendo miles de bandas que tocan la guitarra como si el rock and roll no estuviera muerto. Muchas de ellas son demasiado sentimentales y demasiado juveniles para mi vicioso gusto y mi avanzada edad, aunque todas tienen el mérito de rendir culto a las seis cuerdas. Lo que a veces marca la diferencia entre una y otra es el trabajo instrumental, es decir, la técnica o la originalidad. yEAN se desmarca del resto de bandas pop-rock por ambas cosas. Suena como todos los singles guitarreros que edita Japón cada semana, pero sus guitarras no son normales. Los teclados, además, parecen haber sido robados de algún disco del solista World’s End Girlfriend; y esto es un piropo. yEAN sabían que tenían algo especial entre las manos y por eso dejaron que su primer sencillo, “11010“, extraído del mini-álbum 4C, durara cinco minutos y medio. Más información en yeanband.com. Me encanta la portada, por cierto.

Guitarras limpias y ritmos sucios: el math rock en Japón

En el principio estuvo el ritmo. Hay músicas diabólicas (la clásica es el mejor ejemplo) que no se pueden bailar ni casi disfrutar de pie. Tampoco el jazz es muy bailable: la danza a la que empuja requiere creatividad y, a no ser que uno sepa de qué va el jazz -o a no ser que carezca de inhibiciones-, ni siquiera se puede practicar tamborileando con los dedos en el muslo. El rock matemático, o math rock, es otro de esos productos que se resisten a la tentación de los ritmos pegadizos. Es un diseño imposible. Y en Japón hay una verdadera escuela.

Habrá quien diga que el math rock es una cuestión americana, desde King Crimson a Battles pasando por Tool. Si eso es cierto, también lo es que lo que hace Japón no es un homenaje. Lejos de ser un experto en el tema, tan sólo puedo imaginar que los orígenes son anglosajones (no deja de ser pop-rock) pero que, como estilo musical, el math rock japonés se desarrolla de manera independiente: por el número de grupos que lo practican, y porque tiene consistencia y originalidad. Es decir, no es una versión imperfecta ni es una minúscula aberración, es una escena.

La mayoría de grupos de rock matemático nipón parecen hacer una lectura contemporánea de Zazen Boys, el conjunto de Mukai Shutoku, exvocalista de Number Girl. Entre Number Girl y Zazen Boys hubo un giro, un cambio de rumbo, de Pixies a Radiohead, Kid A en adelante y más allá todavía. El resultado es algo menos agresivo que el post-rock ortodoxo y algo menos triste que esa fina capa de hielo llamada Sigur Rós. Más concretamente, el math rock toma prestadas varias cosas de Zazen Boys: los ritmos abruptos, las guitarras limpias y el sacrificio del espectáculo en beneficio de la técnica.

Hay un aire en la actitud de los músicos de math rock que recuerda a los orígenes de las guitarras eléctricas en Japón, cuando los Ventures causaban furor y los chicos estudiaban ensimismados la ejecución de un riff o el minucioso diseño de las guitarras Mosrite. Es una cualidad muy juvenil y masculina –el frío purismo que ni siente ni padece– que se puede ver en los directos de Toe, por citar un nombre: como si fueran un grupo de amigos ensayando, sin esbozar una sonrisa, concentrados en los instrumentos, mirándose los unos a los otros.

En los últimos diez años, quizás con Toe a la cabeza, ha surgido un pequeño ejército de grupos cuya música suena a escuadra y cartabón, a plantilla Excel y a dibujo de Escher. Entre ellas se encuentran , Lite, Nuito, About Tess, 3ND, REGA… Alguno que otro (Mouse on the Keys) se inspira en el jazz para crear ritmos que de tan difusos casi parecen muros de sonido. Hay solistas (World’s End Girlfriend) cuyo caos personal suena un poco math rock y hay quienes dejan la destreza guitarrística al margen para seguir los pasos de Boredoms y su tribalismo noise, por ejemplo las chicas de Nisennenmondai. Y tratándose de Japón, hay propuestas que reniegan del ritmo y al hacerlo suenan a pop-rock excéntrico (Usotsuki Barbie) más que a math rock, en la línea de los bien conocidos Polysics. Y por fin, algunos sólo se alejan una brizna del canon para hacer anti-ritmos casi comerciales; véase, Owarikara:

Estas últimas son algunas de las muchas excepciones. La regla, que casi todos comparten en uno u otro momento de sus producciones musicales, está en el sonido instrumental y en el uso de guitarras claras y precisas. Esto es lo que distingue el math rock nipón de su equivalente americano, mucho más hardcore o pesado. También lo distingue, por cierto, del océano de grupos indie-pop que anegan el circuito alternativo nipón y que suenan (sin ser obligatoriamente malos) como la banda sonora de algún animé. El rock matemático nipón es impecable y por ello es inconfundible. Al oír esos acordes, no hace falta ver un vídeo ni oír una voz para saber que estamos ante un grupo japonés.