La primera es que ha salido el nuevo número de la revista Eikyô: influencias japonesas, y que tiene mucha miga, como siempre. Para quienes no la conozcan todavía, baste decir que Eikyô es un proyecto maravilloso de periodismo cultural impreso, dedicado por completo a Japón. Yo escribo sobre música. En esta ocasión, hablo de MONO, héroes del postrock instrumental nipón desde hace más de diez años. Así lo dije en Akane Indie. Me llena de orgullo y satisfacción anunciar que MONO tocarán en suelo patrio muy pronto: Barcelona (La 2, 20/2), Madrid (Joy Eslava, 21/2) y Bilbao (Bilboko Café Antzoki, 25/2). De veras, recomendado.
La segunda cosa tiene que ver con el J-pop. En la última entrada, hace más de un largo mes, escribí acerca de AKB48. Es un producto enlatado, pero que tiene mucho encanto: aquel conferido por la extraña independencia del capitalismo nipón. Así, las bizarrías japonesas son también marcas de estilo en un universo musical paralelo. Una de las peculiaridades de AKB48 es que sus integrantes, noventa vírgenes en minifalda, no pueden tener novio. No se trata de un oscuro secreto corporativo, sino que esta regla es conocida y aceptada por los fans. Es parte del juego. La castidad es impuesta para no ensuciar la fantasía kawaii e infantiloide que AKB48 representan con imágenes o perspectivas explícitamente sexuales. La lógica es que si estas náyades no tienen pareja, los seguidores del grupo seguirán queriendo creer que duermen con ositos de peluche. Que quede claro: el sexo en AKB48 está por todas partes pero siempre de manera tácita. Y si hay insinuación, que la hay, esta será lésbica.
Pues bien, Minami Minegishi, una de las miembros de AKB48, cayó en la tentación de la impureza, la fornicación y las pasiones desordenadas, y fue descubierta saliendo sin maquillaje de la casa de uno de los integrantes de Generations, una popular boy-band japonesa. Horror. Lo siguiente fue un vídeo en el canal de YouTube de AKB48, donde vemos a Minegishi con la cabeza rapada, pidiendo perdón durante minutos, hasta que rompe a llorar como una magdalena. Cortarse el pelo de esa manera es un signo de penitencia, y eso es lo que estamos presenciando. Se trata de un acto dramático, diseñado desde arriba, una forma creativa de aprovecharse de una crisis. Todos ganan, menos Minegashi, que ha perdido su puesto en el “once titular” y a partir de ahora cantará en una de las categorías inferiores de AKB48. Al igual que la joven pecadora, los fans están indignados y tristes, porque la conocen o creen conocerla. No me extenderé.
Para más información, recomiendo leer a Ian Martin en The Japan Times.




