La nueva edición de la revista Eikyô ya está en las librerías. Una gozada, con una gran sección para bibliófilos. En el enlace podéis encontrar mi artículo musical, sobre el conjunto de jazz UNIT ASIA. Eikyo #09 – UNIT ASIA Saludos y hasta pronto.
Archivos de categoría para Fotos
Nikkatsu cumple 100 años
La productora de cine Nikkatsu cumple estos días un siglo de vida. La efeméride se celebra en medio mundo, también en España, con retrospectivas, charlas y finos piscolabis. La Edad de Oro de Nikkatsu, entre circa 1955 y 1975, se funda sobre tres grandes pilares: los samuráis, la yakuza y las mujeres desnudas. La mayoría de los aficionados se ha interesado siempre por el lado erótico de la cuestión, y no son pocos los expertos en esta suerte de melancolía. Aquí les presento una colección de temas que endulzaron las pelis de Nikkatsu (y algunas más) en aquellos años heroicos. Entre otras voces, oímos a Takeshi Terauchi, Hajime Kaburagi, Mops y Salty Sugar. Al final de la entrada incluyo la lista completa. Y también comparto unos pósters que encontré recogidos por ahí. Si quieren ver algo más picante, pueden pasar por aquí. Disculpen la falta de créditos. Es algo muy descortés.

–
FROSTY’S SWEATY SURFER : JAPANESE ELEKI BOOM, GROUP SOUNDS & PINK FILM MUSIC
「汗だくのサーファー:ジャパニーズ・グループ・サウンズとピンク映画音楽」
1 = Takeshi Terauchi & Blue Jeans / Karajishi Botan / Ereki Ippon Enka De Shobu!
寺内タケシとブルー・ジーンズ / 唐獅子牡丹 / エレキ一本演歌で勝負!
2 = Reiko Ike / Futen Gurashi Part. 1 / Onna Bancho Blues Mesubachi No Chosen
池玲子 / ふうてんぐらし Part.1 / 女番長ブルース 牝蜂の挑戦
3 = Jackey Yoshikawa and his Blue Comets / Blue Fountain / Original Hits Vol. II
ジャッキー吉川とブルー・コメッツ / マリアの和泉 / オリジナル・ヒット第2集
4 – Kazuko Sawamura and Peter Pan / My Boy / Noraneko Rock Nikkatsu New Action No Sekai
沢村和子とピーターパン / マイ・ボーイ / 野良猫ロック 日活ニューアクションの世界
5 = Takeshi Terauchi and the Bunnys / Symphony No. 5 / Let’s Go Classics
寺内タケシとバニーズ / 運命 / レッツ・ゴー “運命”
6 = Jacks / Omae Ni Muchuu Sa / Haragashi Onna
ジャックス / お前に夢中さ / 腹貸し女
7 = Takeshi Terauchi & Blue Jeans / Tsugaru Jongara Bushi / Let’s Go Eleki Bushi!
寺内タケシとブルー・ジーンズ / 津軽じょんがら節 / レッツ・ゴー・エレキ 節! – エレキの民謡お国めぐり -
8 = Jackey Yoshikawa and his Blue Comets / Linda / Original Hits Vol. II
ジャッキー吉川とブルー・コメッツ / 太陽の娘 / オリジナル・ヒット第2集
9 – Hajime Kaburagi / Sex Hunter (BGM) / Noraneko Rock Nikkatsu New Action No Sekai
鏑木創 / セックスハンタ (Bgm) / 野良猫ロック 日活ニューアクションの世界
10 = Hajime Kaburagi / Onna Bancho Blues Mesubachi No Chosen M-8 / Onna Bancho Blues Mesubachi No Chosen
鏑木創 / 女番長ブルース 牝蜂の挑戦 M-8 / 女番長ブルース 牝蜂の挑戦
11 = The Mops / Goiken Muyo / Noraneko Rock Nikkatsu New Action No Sekai
ザ・モップス / 御意見無用 / 野良猫ロック 日活ニューアクションの世界
12 = Hajime Kaburagi / Yasagure Anegoden Sokatsu Lynch M-6B / Onna Bancho Blues Mesubachi No Chosen
鏑木創 / やさぐれ姐御伝 総括リンチ M-6B / 女番長ブルース 牝蜂の挑戦
13 = Kyu Sakamoto / Kanashiki Rokujyussai / Seishunka Nenkan Best 30 (‘60)
坂本九 / 悲しき60才 / 青春歌年鑑 BEST30 (‘60)
14 = Salty Sugar / Hashire Kotaro / Seishunka Nenkan Haiban Best 200
ソルティー・シュガー / 走れコータロー / 青春歌年鑑 廃盤 Best 200
15 = Hiroki Tamaki / Boso Shudan ‘71 Bgm / Noraneko Rock Nikkatsu New Action No Sekai
玉木宏樹 / 暴走集団 ‘71 Bgm / 野良猫ロック 日活ニューアクションの世界
16 = Takeshi Terauchi & Blue Jeans / Moso Bangaichi / Ereki Ippon Enka De Shobu!
寺内タケシとブルー・ジーンズ / 網走番外地 / エレキ一本演歌で勝負!
17 = Jacks / M-10 / Haragashi Onna
ジャックス / M-10 / 腹貸し女
18 = Takeshi Terauchi and the Bunnys / Kisobushi / Let’s Go Eleki Bushi!
寺内タケシとブルー・ジーンズ / 木曽節 / レッツ・ゴー・エレキ 節! – エレキの民謡お国めぐり -
19 = Sharp Five Go Go / Kaze Ga Naiteru / Japanese Pops Golden Hits
シャープ・ファイヴ・ゴーゴー / 風邪が泣いている / 和製ポップス・ゴールデン・ヒット
20 = Kenjiro Hirose / Onna Bancho Taiman Shobu M-3 / Onna Bancho Blues Mesubachi No Chosen
広瀬健次郎 / 女番長タイマン勝負 M-3 / 女番長ブルース 牝蜂の挑戦
21 = Hajime Kaburagi / Sex Hunter Ps-C / Noraneko Rock Nikkatsu New Action No Sekai
鏑木創 / セックスハンター Ps-C / 野良猫ロック 日活ニューアクションの世界
22 = Ken Yamauchi / Ken No Rock / Tokyo A GoGo
山内賢 / 健のロック / 東京ア・ゴーゴー
23 = The Darts / Kemeko No Uta / 7″
ザ・ダーツ / ケメコの歌 / 7″
24 = Folk Crusaders (Kazuhiko Kato – the Folk Parody Gang) – I Only Live Twice / 7″
ザ・フォーク・クルセダーズ / 帰ってきたヨッパライ / 7″
25 = Food Brain / M-7 / Shinjuku Mad OST
フード・ブレイン / M-7 / 新宿マッド
26 = Takeshi Terauchi & “Blue Jeans” / Edo Komoriuta / Let’s Go Eleki Bushi!
寺内タケシとブルー・ジーンズ / 江戸子守唄 / レッツ・ゴー・エレキ 節! – エレキの民謡お国めぐり -
Rumi Koyama & Adolf Hitler (1970)

Esta es probablemente, seguramente, la mejor cubierta de la historia de la música popular nipona. Rumi Koyama se acurruca sobre sí misma, vestida de india o algo parecido, mientras le da la espalda a una imagen de Adolf Hitler. El efecto es espectacular, más aún si tenemos en cuenta que Rumi Koyama era una chica yeyé. Este fue su segundo sencillo, “Anata ni Maketa No / Mahoutsukai No Anata”, y vio la luz en 1970 por obra y gracia de Union Records. Es un asunto soul-blues, muy rítmico y en delicioso estéreo, como era ya tradicional en Japón. 1970 fue el año de Black Sabbath y The Stooges, y supongo que el mismo espiritu maligno, el de la muerte de la década de 1960, respira detrás de la portada que ves aquí. Sea como fuere, hay un abismo entre esta Rumi Koyama y la que debutara tan solo un año antes con el pudoroso sencillo “Hajimete no Date“ (“Primera cita”).
“El Japón y su duende” (1963)
Las cosas que uno se encuentra por el mundo. El otro día, en una estantería, en una universidad de Tailandia, una universidad cualquiera en mitad de ninguna parte, descubrí un libro llamado El Japón y su duende. Lo firma José María Gironella, catalán, medio franquista y autor de Los cipreses creen en Dios (1953). De este libro, ambientado en la Segunda República y parte de una tetralogía, se vendieron más de dos millones de ejemplares. Pasa por ser la novela patria más leída del siglo XX y todos deberíamos leerla, o pretender haberla leído, o al menos ser capaces de asentir con aplomo cuando alguien hable de ella en nuestra presencia. En fin, aparte de insistir sobre la Guerra Civil, Gironella fue un japonófilo empedernido, y en 1963 viajó al Oriente para resarcirse. Allí permaneció siete semanas, invitado por el guitarrista Narciso Yepes, mientras este cumplía con las obligaciones laborales impuestas por una larga gira de quince conciertos.
Todo en este libro es bastante maravilloso, empezando por el estilo, a caballo entre la prosa anticuada y la antropología, y terminando por la fecha, 1963, cuando Japón se modernizaba a pasos de gigante, aplicando la filosofía detrás del origami a la fabricación de aparatos eléctricos impecables. Gironella llega a Tokio después de casi tres días de vuelo (escala en Roma, Beirut, Teherán, Karachi, Calcuta, Bangkok y Manila) y es testigo directo del cambio. Lo que ve le angustia: es una ciudad-andamio, de más de once millones de almas y cien kilómetros de líneas de metro en construcción, una ciudad sin centro, que en algo más de un año acogerá las Olimpiadas con la esperanza de que el mundo sancione la prodigiosa metamorfosis, una ciudad que se desahoga al caer el sol, entregada al pachinko, al alcohol y a las prostitutas, y que ya desde el aire nocturno, antes de aterrizar, parece hecha de luces de neón. Solo se salvan de la hoguera personal de Gironella los trenes aéreos “que se deslizan como pensamientos” por delante de su hotel.

Tokio, 1961-62. Foto: Wim Dussel, collectie IISG, Amsterdam.
Como quien viera derrumbarse la delicada fantasía de los libros de su adolescencia, el autor sufre mucho viendo morir las tradiciones a manos de un puñado de nihilistas melenudos: “muchachos despeinados, ebrios, que, munidos de guitarras eléctricas, avanzaban con brutalidad, paralizando la circulación.” Y continúa: “Varios de ellos pasaron tan cerca de mí que pude ver sus ojos. Me asusté. Revelaban una atávica agresividad”. Es la revolución de la juventud, la única de las revoluciones modernas, incluyendo la francesa y la industrial, que no tiene precedentes en la historia universal. Gironella nos habla de Teiko Shumiza, quien le acompaña a varios sitios como guía. Teiko es un estudiante atormentado, un rebelde sin causa, incapaz de seguir los pasos de su padre. Todos le observan y censuran desde la trinchera, y afirman que está abocado al suicidio, como tantos jóvenes en Japón. En otras palabras, este personaje podría haber salido perfectamente de la imaginación de Haruki Murakami.

Disco nipón de Narciso Yepes. King Record, 1957.
Gironella menciona las guitarras eléctricas que, por algún motivo, los jóvenes llevan colgadas al hombro mientras juegan a las tragaperras. Esto es interesante, porque en 1963, hasta donde yo sé, todas las guitarras eléctricas en Japón eran importadas. Solo comenzaron a fabricarse en 1964, año en que se vendieron casi 800.000, un verdadero boom, propiciado por la gira de los Ventures. La fiebre eléctrica no surgió de la nada. Como indica la expectación ante la visita de Narciso Yepes (las entradas llevaban meses agotadas) la afición a la guitarra en Japón va mucho más allá del rock ‘n’ roll. La guitarra española llegó a Tokio a finales del siglo XIX y no tardó en popularizarse. En el Japón cosmopolita de los años 20 había revistas musicales especializadas, y se organizaban recitales con nombres tan exóticos como “La noche española”, donde se tocaban temas de Falla y de Pujol. En 1929 Andrés Segovia desembarcó en Japón, fue recibido con honores de héroe, y triunfó con tres grandes conciertos en Tokio, Osaka y Kobe. Así que cuando Gironella afirma que los clubes de guitarristas de Japón cuentan con tres millones de socios, a uno la cifra no le pilla desprevenido. Los conciertos de Yepes eran seguidos con absoluta reverencia y con una enigmática sonrisa:
Los japoneses, inmóviles en sus asientos, miraban al concertista, éste en el centro del escenario, iluminado por un foco, y parecían inmersos en un baño de éxtasis. Gente de toda edad, pero preferentemente joven, formaban un público tan infinitamente repetido que las hileras de butacas parecían tirillas de fotos-carnet. Al final de cada pieza, las sonrisas se convertían en aplausos lentos pero densos, en aprobatorios movimientos de cabeza, en gritos; pero siempre presididos por una serenidad en las facciones propia de la elevación espiritual. La gente escuchaba con unción, se entregaba. Y al término del concierto programado, nadie se movía. La sala entera solicitaba un bis, y otro bis, y otro. Narciso Yepes, cada vez más rodeado de ramos de flores, complacía a sus oyentes. La noción del tiempo se había esfumado. Los conciertos duraban tres horas, tres horas y media…
Gironella viaja por el centro y sur de Japón, visita islas volcánicas y hasta contrata los servicios de una geisha, que se esfuerza por recordar poemas en español. Lo que más le atrae son los paisajes y la exquisita elegancia de las formas tradicionales. No es un turista cualquiera: le fascinan los hospitales, los cementerios y los manicomios. Pasa unos días en Nagasaki, donde por supuesto visita el Hospital de la Bomba Atómica, y donde Narciso Yepes improvisa un concierto de dos horas con la guitarra de uno de los enfermos. La intérprete que le acompaña casi todo el tiempo, Mikedo, es el símbolo de la nueva mujer japonesa, independiente y educada. Hay una escena, en el penúltimo capítulo, en la que Mikedo y Gironella parece que van a besarse. Mikedo detesta a los hombres japoneses y Gironella, un hombre casado, sufre de lo que vulgarmente se conoce como “fiebre amarilla”. Al final, a pesar de la crisis de valores en la que ambos se ven inmersos, el sentido común y la diplomacia impiden cualquier posible intercambio amoroso.

En 1964, la revista LIFE dedicó una serie de fotografías al despertar de la juventud nipona. Foto: Michael Rougier.
El Japón de madera y de silencio concuerda con lo que el autor conoce por los libros, pero la modernidad nipona le cae como un chorro de agua fría, arruinando su orientalismo. El enamoramiento de los japoneses con todo lo proveniente de los Estados Unidos era a veces conocido como Las Tres Eses (Screen, Sports, Sex), aunque a esta fórmula quizás habría que añadirle la R de rock ‘n’ roll. Japón dejó de estar bajo control militar estadounidense en 1952, pero el flujo de información a través de la radio y la televisión no hizo sino crecer, de tal forma que la americanización del país es el tema recurrente de El Japón y su duende. En los años 60, “la guitarra tenía que ser eléctrica [y] los bailes espasmódicos”. Casi todas las vistas están viciadas por un slogan o por una cabina telefónica, y así el autor se ve constantemente obligado a desistir de su deseo y a extraer la dulzura de su melancolía. Lo peor es el ruido y la fealdad, y el chicle, y la Coca-cola y los jóvenes como Taiko. Este se presenta en la fiesta de despedida “despeinado, visiblemente borracho y como si hubiera bailado muchos twist con alguna mujer mayor que él”. Es 1963 y Gironella no tiene ni idea de lo que aún está por llegar.
–
José María Gironella, El Japón y su duende (Plaza & Janés, 1975).
Geisha con tocadiscos, ca. 1920
Esta es una de mis fotos favoritas del mundo mundial: una geisha posando con un tocadiscos portátil, circa 1920. Japón se apuntó a la música de corte occidental desde finales del siglo XIX, gracias al influjo de las orquestas militares estadounidenses. El gramófono llegó sin falta alrededor de 1880. El jazz dio lugar al llamado kayōkyoku, el precedente del pop actual. Según algunas fuentes, la primera canción “pop” nipona fue ”Kachūsha no Uta”, una interpretación musical de Tolstoy, compuesta por Shinpei Nakayama en 1914. Esta foto fue premeditada, y seguramente tuvo lugar en un estudio. Me recuerda a esas instantáneas de orgullosos jefes indios en los Estados Unidos, los últimos heraldos de la historia pre-moderna. En este caso, el propósito era mostrar el encuentro entre tradición y modernidad, algo que en Japón es en sí mismo una tradición desde hace por lo menos cien años. La fuente de la foto es esta prolífica y maravillosa cuenta de Flickr.
El tocadiscos es de la marca Nipponophone, fundada en 1910 y la primera en producir este tipo de artilugios en Japón. Después de la Segunda Guerra Mundial pasaría a llamarse Nippon Columbia y es conocida como Columbia Music Entertainment desde el año 2002. Curiosamente Nipponophone estaba orientada a los expatriados; de ahí que se vendiera en inglés al exclusivo precio de 30 yenes. Digo “curiosamente”, porque por aquel entonces ya había una clase media japonesa, urbana y cosmopolita, dispuesta a consumir y a creerse la publicidad. Quizás aún la burguesía nipona no era tan pudiente o caprichosa como la estadounidense. Este era el modelo Eufon, no iPhone, una joya compacta, hecha de roble dorado, donde cabía el brazo desmontable y la manivela para su transporte. Lo más notable es la falta de altavoz, tan característico en los gramófonos antiguos. En su lugar, el cuerpo del aparato hacía las veces de caja de resonancia. Por la calidad de la madera, “capaz de resistir cualquier clima”, y por su relativa ligereza, el Eufon también estaba dirigido a satisfacer los extravagantes hábitos auditivos de “los viajeros al Lejano Oriente”.
—
He recibido un par de telegramas preguntando acerca del estado del blog. Me alegra informaros de que no estoy muerto. De hecho, todo el equipo de Akane Indie sigue con vida. Nadie está gravemente enfermo ni sufre de vapores, histeria o licantropía. El motivo de mi tardanza personal es el trabajo y las muchas distracciones que produce vivir en un país extranjero, es decir, uno que no es Japón. Sigo por Asia, haciendo labores de profesor universitario en el este de Tailandia. Debería escribir sobre Tailandia, aunque no es lo mismo, es otra historia sobre la que no sé si tengo ganas de escribir por el momento.



